Por Stella Álvarez

Ella se dotó a sí misma de un nombre: Arco Iris aunque se llama Lucero Blanco que también suena poético y luminoso. Tiene una voz suave pero no hay duda que está convencida y que tiene confianza plena en lo que hace. Junto con su esposo y sus cuatro hijos pertenecen a AgroSolidaria, una red de 32000 familias vinculadas entre sí, para la  producción, el transporte, la venta y el consumo de alimentos provenientes de la agricultura familiar y campesina en 19 departamentos de Colombia.

AgroSolidaria nació hace 30 años por iniciativa de nueve personas vinculadas a trabajos comunitarios en Boyacá, un departamento dedicado al cultivo de alimentos realizado en pequeñas parcelas donde se producen frutas, verduras y hortalizas. Hoy la red es una gran confederación que aglutina 137 procesos asociativos relacionados con la producción, procesamiento, venta de alimentos y turismo ecológico, todos dedicados al fortalecimiento de los entornos rurales y al bienestar de sus habitantes.

Sus actividades giran alrededor de las familias asociadas: “pretendemos que cada familia satisfaga sus necesidades, genere excedentes económicos y tenga un plan de vida digno”. Al mismo tiempo tienen objetivos sociales como recuperar alimentos autóctonos que han sido desplazados por la agricultura industrial, protegen la diversidad alimentaria: “hemos logrado recuperar ocho variedades de trigo criollo”, impulsan la producción agroecológica, el cuidado del agua y del suelo. Fruto de este proceso hoy apoyan la producción y el comercio de más de 750 alimentos frescos y transformados tan diversos como chia, quinua, frutos amazónicos como el cacao, arroz, castaño, miel, ajonjolí, maíz, mora, gulupa, además de productos procesados como conservas y jabones.

 

 

La red ha construido lo que denominan un “circuito alimentario” para lograr la sostenibilidad de los diferentes eslabones de la alimentación. Las familias vinculadas reciben apoyo técnico, insumos, asesoría y recursos económicos provenientes de los fondos solidarios originados en el conjunto del trabajo de la red y sus propios aportes; utilizan también el trabajo mutuo en convites y “mano cambiada” es decir,  formas tradicionales de apoyo entre vecinos para la producción de alimentos y el intercambio de sus beneficios. Tienen además plantas de transformación como la usada en el proceso de la quinua, el cacao y la miel. Para la venta de los productos poseen sus propios locales de acopio y distribución y participan de mercados locales.

La venta de los productos originados por las familias es su proceso más reciente y más retador. Se trata no sólo de tener locales, sino además de aprender sobre el comercio de alimentos que está monopolizado por las grandes cadenas de supermercados. Es en este proceso de venta en el que Lucero se ocupa en un almacén en Bogotá, trabajando para lograr ese equilibrio difícil que es el comercio justo: “nosotros generamos nuestros propios procesos de distribución para que el productor reciba lo justo por su trabajo pero que el consumidor también pague lo justo, sin especulación; creemos que el comercio justo es necesario para que se le retribuya toda la labor realizadas en todos los eslabones, porque están interconectados. Por eso nuestro consumidor no es pasivo, es una familia que apuesta solidariamente por apoyar los procesos”.

Después de un largo rato de conversación entusiasta le pregunto sobre el impacto en la vida cotidiana de las familias. Cierra los ojos y se nota que no tiene que pensarlo mucho. Piensa en la de ella. “Los niños ven que el trabajo los beneficia en el plato. Cuando mis hijos se sientan a comer por ejemplo, nuestras papas nativas, me dicen: mami nosotros si comemos muy rico, ¿cierto?”.

Le pido entonces que me defina desde su sentir qué es AgroSolidaria y dice “Somos una comunidad una gran familia. Somos más  que una red, porque hay calorcito de corazón. Somos una familia y a las familias las une el amor, las relaciones y el alimento rico”.

Las formas asociativas en todos los eslabones del proceso alimentario son la alternativa a la crisis global; el alimentarse saludablemente es un derecho que debe ser garantizado a todos los habitantes del planeta. Pero no cualquier alimento ni cultivado y transformado de cualquier manera. Su producción y comercialización también deberían ser considerados bienes comunes.

Escucha la entrevista donde Lucero habla del proyecto


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5 comentarios
  1. Andrea Rodas Galindo
    Andrea Rodas Galindo Dice:

    Excelente artículo. Nos invita a pensar en toda la red que se teje para lograr conseguir alimentos sanos y cómo todo contribuye a un mejoramiento y crecimiento de cada una de las personas que intervienen en ella. Debemos apostar por cada vez ser más conscientes de esto e incentivar a que más personas lo comprendan. Poco a poco contribuimos, y cada día se puede poner un granito de arena para este fin, entre todos. Gracias por el artículo y dar a conocer estas iniciativas y experiencias de los que participan en ellas.
    Es un apoyo mutuo, en el que obtenemos beneficios sanos entre todos.

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  2. Gloria Alvarez
    Gloria Alvarez Dice:

    Que orgullo mostrar que aunque la tecnología nos ha consumido, aun podemos alimentarnos sanamente y que estas agrupaciones sociales sean quien nos muestra que son ellas las que aportan una economía justa.

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  3. Jhon Stiven Londoño Quintero
    Jhon Stiven Londoño Quintero Dice:

    Un gran saludo! En realidad al ver este texto y escuchar su podcasts, quedé conmovido de alegría, esperanza y amor. Es una expresión pura de lo positivo que tiene nuestro país, con potencial humano, agrario y ambiental. Pero también, desde el centro hacia afuera, reconociendo nuestra integración con el resto del mundo y el anhelo de servir cómo ejemplo a otros territorios de nuestro gran planeta. Pues una enseñanza es que es posible superar tantos problemas humanos que han permanecido desde la antigüedad y se acumulan pereciendo llevarnos a la destrucción y a la inconsciencia. Que ayudándolos entre todos podemos hacer bastante, sanar nuestra Tierra y también nuestra salud.

    Estoy muy agradecido con todas las personas que hacen posible la existencia, el funcionamiento y la divulgación de la red humana que es Agrosolidaria Colombia.

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  4. Esperanza Echeverry
    Esperanza Echeverry Dice:

    Los proyectos asociativos solidarios son una forma de amar la tierra, y el medio ambiente y de construir autonomía. Además de lo que aportan a la crisis alimentaria y al empleo, están las relaciones comunitarias que se tejen en torno a un objetivo común

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  5. Astrid Helena Vallejo
    Astrid Helena Vallejo Dice:

    Verdaderamente impresionante esta experiencia por su magnitud sostenibilidad a lo largo de 30 años Es notorio el desconocimiento que se tiene de un proceso de producción, fomento y distribución de alimentos y otros productos de manera asociativa que forlalecen las relaciones entre familias del campo. Es un verdadreo ejemplo de que el desarrollo rural integral es factible y no una utopía. Que importante seria que desde el Estado se contara con politicas públicas fuertes que apoyaran este tipo de iniciativas. Me impresionó gratamente tanto el texto como el podcast. Lo compartí con mi hijo que vive en Australia y quedó admirado de que en Colombia existan estas experiencias y sean tan poco conocidas y apreciadas. Bien por Foodconciencia por darlas a conoce. Son esperanzadoras y ejemplo de que otro pais sea posible.

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