SALIDA #3



Por Stella Álvarez

Cuando comemos una fruta o una ensalada de productos naturales, con frecuencia pensamos en la maravillosa fecundidad de la tierra y nos sentimos conectados con ella. De manera indirecta, aunque no lo percibamos también nos conectamos con personas que no conocemos, pero con quienes estamos vinculados: los pequeños agricultores productores de alimentos. Carlos Lazo, no es un agricultor directamente, pero si un sembrador de sueños que con esfuerzo cosecha sus frutos. Es el gerente de la Agroferia Campesina del Magdalena, un distrito de Lima. Se trata de una experiencia desarrollada por pequeños agricultores que decidieron ser autónomos en la venta directa de alimentos para construir comercio justo.

Nacieron hace nueve años, por iniciativa de la asociación de gastronomía peruana que realizaba el festival “Mixtura” con el lema “no hay gastronomía sin pequeña agricultura”. El festival se terminó y la financiación cesó, pero los agricultores decidieron asociarse sin la tutela ni de la administración municipal ni de las entidades de cooperación ni del sector privado. Carlos dice “no inventamos la pólvora, ferias de  productores hay muchas, pero con una propuesta asistencialista. Les ayudan un tiempo, les dan el dinero para transporte y hospedaje y luego acaba el financiamiento y los productores quedamos en el aire. Nosotros quisimos ser autosostenibles desde el primer momento”.

 

 

La Agroferia campesina del Magdalena inició instalando los puestos de venta un día a la semana en una avenida, pero ahora ocupa un sitio fijo prestado por la administración municipal y funciona de viernes a domingo. Reúne a 73 pequeños productores o procesadores de alimentos que vienen de 22 provincias del país, venden más de mil alimentos  naturales o procesados artesanalmente incluyendo hortalizas, frutas nativas, queso, carne de ganado de libre pastura, huevos, yogur, harinas, mermeladas, panela y tienen una sección de gastronomía para consumo de comida preparada.

Los 73 productores son personas asociadas individualmente o son asociaciones campesinas; una de ellas es una cooperativa que reúne a más de 500 agricultores. Como en casi toda América Latina tienen en promedio una o dos hectáreas, no tienen acceso al mercado y su producción queda en manos de los intermediarios y los grandes supermercados.  “El pequeño agricultor no sale de su parcela, muchas veces pierde por producir, la agricultura familiar en el Perú está muy explotada y el agricultor no está en toda la cadena; la propuesta nuestra es que el agricultor que siembre sea el mismo que viaje y venda”

Los compradores de la feria son llamados “caseros”, un nombre que denota confianza; se trata de un público variado: “tenemos personas mayores, personas que se quieren cuidar, quieren ser más saludables, o tienen alguna enfermedad. También amas de casa que les gusta la frescura de nuestros alimentos, niños y jóvenes que vienen a tomar fotos de los alimentos. Vienen personas con bajo nivel adquisitivo y otros que si tienen dinero”.

 

 

Pero la feria no es sólo una compra y venta de alimentos. También es un proyecto cultural. Cuando le preguntamos qué es la agroferia campesina respondió “somos un gran encuentro de diferentes regiones para celebrar los alimentos de nuestra biodiversidad. Un pequeño espacio en el que habitantes de la ciudad, emigrantes de las provincias, se encuentran con sus alimentos originarios y con sus paisanos”. La presencia durante los tres días, ha llevado a que se involucren los hijos de los productores que han emigrado a la ciudad, entonces también es un encuentro generacional. “Es un lugar que huele a un plato de comida servida en la casa, suena al campo, a sonrisas, a conversaciones sobre culinaria, a veces dichas en Quechua y sus colores son “chichas”, bastante alegres, bastante llamativos” .

La feria promueve un precio justo y se basa en la economía solidaria, que en materia de alimentos naturales es un balance difícil de lograr y un reto diario. Se trata de establecer un precio alcanzable para los compradores, pero que también retribuya el esfuerzo de los productores. Eso significa que no es igual al del gran mayorista que usualmente sobreexplota al productor, pero está en una escala intermedia si se compara con los supermercados más exclusivos. “estamos seguros que en precios podemos estar en un punto medio pero en calidad somos los mejores” apunta Carlos con toda confianza y entusiasmo por su proyecto.

Finalizamos la conversación hablando de lo que sueñan para el futuro. Lo resume en una sola frase contundente: “Soñamos con tener una red de supermercados que le pertenezcan al pequeño productor, e instalar más agroferias. Las agroferias, deberían ser como ese premio Oscar para todo productor”

Si se pretende construir comercio justo para productores y consumidores, el abastecimiento o la distribución de alimentos especialmente en las zonas urbanas es un eslabón de la cadena que requiere de profundas transformaciones. La economía solidaria y cooperativa, las formas asociativas en el comercio y la venta, son las únicas que pueden aportar alternativas a la explotación de los pequeños agricultores y al hambre de los consumidores pobres.

4 comentarios
  1. Said
    Said Dice:

    Me parece muy interesante hacía falta eso en lima se come sano y todo es orgánico pero deberían ir al cono sur José Gálvez atocongo tendrá muy buena salida bendigo a Carlos por su interés en ayudar a estos productores. Siempre tuve ese sueño bendiciones Dios te siga bendiciendo

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  2. Gabriela mya
    Gabriela mya Dice:

    Excelente,productos de alta calidad para la comida más deliciosa del mundo,sería bueno visitarlos en Lima.👍

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  3. Astrid Helena Vallejo
    Astrid Helena Vallejo Dice:

    Que experiencia tan bonita e interesante. Se destaca la producción de alimentos orgánicos, por ende, saludables y el trabajo colectivo, tanto en producción como en comercialización Es un proyecto replicable en nuestras comunidades campesinas y que debería ser apoyado por el Estado. Soluciones importantes para comer sabroso.

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